Hotel

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La habitación es pequeña, clasi claustrofóbica.

Decido prescindir de todo objeto que evite mi soledad. Soy un cuerpo, no sólo lo poseo, sino que soy el cuerpo mismo. Siento su angustia, su incomodidad, su placer y su goce.

Doy vueltas y más vueltas, giro sobre mí misma, ordeno la maleta en un intento de controlar el absurdo. Hay sólo tres perchas en el armario.

Pienso en lo raro que es estar en la habitación de un hotel, en lo inquietante del concepto mismo.

No puedo dormir, la asociación libre no cesa. La causa podría ser una transferencia salvaje con un hombre sabio, o quizá el insoportable de compartir la habitación conmigo misma, no lo sé, tampoco importa.

Son las seis de la mañana, he conseguido dormir un par de horas. Me despierto desasosegada debido a los ruidos de la habitación de al lado. Un hombre susurra y una mujer gime. Escucho el ritmo cada vez más frenético, los gemidos se entrecortar y luego se alargan.

Lo que en otras circunstancias me parecería erótico ahora me incomoda, viola mi ansiada soledad, impide mi descanso, me obliga a ser consciente de la presencia del Otro, limita mi goce autista.

Me entretengo pensando en que sus gemidos son muy diferentes de los míos.

Al fin acaban, al fin duermen.

Reordeno la dichosa maleta, sólo hay tres perchas en el armario.

One comment

  1. hetorocromía genétic

    Ahora miro atrás. Por fin me enfrento.
    Me asfixié en mi soledad a un ritmo frenético. En una soledad no demandada, que me consumía mientras me alimentaba.
    Ahora, miro atrás. Por fin me enfrento.

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