Tratábamos de desenterrar una enorme piedra de cemento, una amorfa, dura y molesta piedra. Tratamos de hacerlo durante días, cavamos a su alrededor hasta que conocimos su perímetro, por lo menos lo que parecían sus límites. La sitiamos. Descargamos contra ella toda nuestra fuerza y se convirtió en nuestro principal objetivo, mitad diversión, mitad dolor.
Al séptimo día alguien decidió ir a por un cincel y un martillo. Comenzó suavemente a golpearla, a pulirla, a acariciar sus bordes. De repente se convirtió en algo hermoso. Dejé de desear destrozar aquella piedra.
Cada golpe, cada intento de sometimiento me conmocionaba más. Les veía uno tras otro tratando de atravesar la piedra, turnándose y riendo en una suerte de violación étnica.
Ahora no puedo parar de pensar en la importancia de esa piedra, de su existencia, sin ella no hubiésemos sentido el deseo, tanto de conservarla como de destruirla. Quizá no sea tan malo que esa piedra esté ahí.
¿Cómo llevas tú tu propia piedra?

hola!! acabo de descubrirte por el concurso este de los premios 20blogs y nada que mucha suerte!!!
un saludo!
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Enhorabuena por tu página te deseo suerte en el concurso “Premios 20blogs”
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