La Estantería

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Siempre he tenido un problema con los límites, los límites de un goce, a veces, deslocalizado. Me cuesta contenerme y encontrar el equilibrio, soy electricidad pura.
B.B. me dijo que podía localizar mis excesos en su estantería. Ella guarda un libro de cada uno de mis viajes. Es bueno saber que ha podido hacerlos objeto, condensarlos, reunirlos, mostrármelos y hacerlos tangibles. Cuando vea sus libros veré también una parte de mi misma.
Solamente somos a través de un otro. Ella me ha permitido ser.
Soy la estantería.

3 comments

  1. Es bonito comparar tus inquietudes de aquella época ( y por extensión las mías) con las actuales.
    Dentro de unas décadas, reafirmadas en lo que ahora empieza a brotar en nosotras, recordaremos la ingenuidad de nuestra vida de los años 90, igual que cuando empiezas a leer la biografía de una persona octogenaria o fallecida, y aún conociendo su trayectoria vital disfrutas apasionadamente con el capítulo “primeros años”, aun sabiendo con seguridad lo que llega después…

  2. Sigo tu blog desde el inicio, pero no siempre necesito escribir unas letras para que sepas que te leo, muchas de tus reflexiones no tienen ningún tipo de respuesta, invitan al pensamiento, al detenimiento, pero no a la contestación. Hoy es uno de esos días en los que no quiero pasar por alto tu comentario. Yo tampoco quiero tener límites o mejor dicho me gustaría no tenerlos, poder expresar los verdaderos sentimientos, la rabia contenido, las necesidades de un amor distinto al que me veo sometido, pero…..la vida nos da algunas cosas y nos priva de muchas más. Me imagino que esto nos sucede a todos. Que tengas un buen día

  3. Es increible saber que existe una persona en algún lugar que elige leer lo que yo escribo.
    Carlos, quería agradecer tu escucha. En realidad no creía que nadie siguiese el blog, no creía que pudiese tener demasiado interés ya que como bien dices es, en la mayoría de las ocasiones, incontestable.
    Me alegra que digas que te invita a pensar, así siento que pienso las cosas con alguien. Escribir me ayuda, no sé por qué lo hago pero lo hago desde siempre. Creo que tan sólo necesito expulsar algunas de las palabras que me invaden y me revuelven.
    Ahora estoy descubriendo lo increible de que esas palabras sean escuchadas. El saber que hay alguien ahí, las dota de consistencia, ya no siento que las expulse al vacío, vuelven a mí en forma de eco inteligente, en forma de respuesta. Me devuelves la invitación a pensarlas de nuevo, se convierte en un intercambio hermoso de voces completamente extrañas.

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