El uniforme rellena de forma generosa su cuerpo delgado en extremo. Su figura, vertical y rígida se refleja en el cristal de la sala de usos múltiples. Junto a su reflejo está el de una mujer, uniformada, curvilinea y de mirada enigmática. Caminan juntos por los pasillos, recorren en silencio cada uno de los vacíos corredores. Él parece sabio y seguro de sí mismo. Ella inquietantemente dulce. No sabría decir quién me da más miedo de los dos.
Una esvástica insultantemente grande preside la estancia. Se detienen ante los ascensores. Ella busca la mirada y él se la entrega. Ella le acaricia con ternura. Se abren las puertas.
