Bonnie y Clyde atracaban bancos. Creo que esa era su forma de follar.
La violencia como descarga pulsional. Una violencia que ponía cuerpo a su amor. El cuerpo que ellos no eran capaces de entregar.
Creaban sus propios escenarios de excitación, y los que les rodeaban no eran más que marionetas ridículas que servian de decorado en sus performances eróticas.
A los ojos de los demás eran monstruos. Supongo que incluso entre ellos se vieron así alguna vez.
Qué extraños compañeros fantasmáticos. Qué extraña manera de gozar.
Al final estaban confusos, agotados y perdidos pero, como ninguno estaba dispuesto a ceder su parcela de goce, simplemente se resignaron a esperar a que algo externo acabara con lo que habían creado.
La mañana del 23 de mayo de 1934 fueron asesinados. Murieron en un tiroteo orgásmico, cruel e intenso. Murieron juntos, gozando, y al fin, satisfechos.
