William Blake escribió “ El camino del exceso lleva al palacio del saber”.
En aquel extraño final sentí que habíamos rebasado todos nuestros límites.
El chico de ojos turbios me dijo – un bonsai puede cultivarse saltándose todas las reglas y conseguir aún así que sea armonioso. Nosotros nos las saltamos todas pero no conseguimos la armonía.- Supongo que tenía razón.
Y ahora, caído ya el velo, sólo nos queda contemplar con resignación y tristeza la desnudez ridícula de nuestros goces.
Dentro de esta infinitud imparable; condenados a un universo imaginario, encadenados por y para nuestros fantasmas; nos damos cuenta de la marca en el cuerpo, de la eternidad de la misma, de su vacío, de esa perpetua autolesión.
Y casi sin darme cuenta llegó. Lo que había estado esperando toda la vida; lo indeleble, lo indestructible, aquello que prometía ser vertiginoso y cálido; al final fue devorado precipitadamente por nuestra angustia y nuestro silencio.
Hoy con tus palabras supe que por fin lo tenía, y con ellas has curado toda demanda posible, ya no tengo nada más que pedirte, me lo has dado todo, ahora lo sé.
El chico de ojos turbios dijo: – PARA SIEMPRE, PARA SIEMPRE…-

